Lo admito, me rendí. Falté a mis principios del amor: yo siempre dije que el amor resistía todo, que al menos no abandonaría cuando el paisaje era más obscuro.
Pero lo hice, y me sigo cuestionando si fue cobardía o amor propio o falta de amor.
Quisiera poder seguirte apoyando como hasta hace poco, y que lo soportáramos. Que pudiéramos ignorar todo sentimiento de más que pudimos llegar a sentir.
Pero parece imposible, odio verte triste, y me odio de pensar que yo causé al menos en una pequeña medida que te sintieras así.
Pero es verdad, no puedo dar marcha atrás, esto tiene que seguir así.
Y me pregunto si quizás la cobarde no fui yo, porque siendo sinceros... Yo aguanté verte lejos no una, ni dos, ni tres veces. Y tu siempre seguías con tus argumentos de que no podías alejarte de ese lugar, no ahora, no ahora... Jamás era buen momento. Y me cansé, de verdad. Y pensé que ese día no llegaría y que sólo estaba perdiendo mi tiempo.
Ojalá pudiera decirte todas las cosas que me molestaban. Empezando por cosas tan absurdas como que me sentía tonta cuando me hablabas de ciencia y números, y pasando por el hecho de que aunque pasé muchas de mis tardes contigo, siempre te sentí lejano. Que no te sentí mio ni siquiera diez minutos seguidos, porque siempre había algo que me recordaba que mi lugar no era el principal, ni siquiera por las tardes, cuando caminábamos juntos. Siempre había algo: oír de tu voz su nombre, después de que me besaras; sentir que no me escuchabas cuando me atrevía a contarte algo porque estabas escribiendo en tu celular mientras yo hablaba; sentir que desaparecía cada vez que veías tu celular, porque alguien seguro te estaba buscando, o estabas esperando la respuesta de alguien mas; sentir el tacto frío de un collar cuando te abrazaba; o ese día que íbamos a escaparnos por ahí, que empecé a escuchar tus quejas de otras personas y más platica de ciencia, pero ni siquiera me preguntaste como estaba, mucho menos mencionaste si me veía bonita o si estabas emocionado ; sin contar con todas las veces que me dijiste que la amabas y me contaste de sus problemas.
Y entonces me pregunto... ¿Realmente fui yo la única cobarde entre nosotros?
Wow...
ResponderEliminar