miércoles, 30 de diciembre de 2015

El loco y la soñadora

Hubo una vez, en un país muy lejano, un loco y una soñadora que se enamoraron profundamente. Siempre se les veía caminando de la mano, o abrazados; cuando se miraban a los ojos, el mundo parecía detenerse, a veces, hasta desaparecer. Tenían ese brillo casi angelical de aquellos que aman con dulzura y sinceridad. Ella era muy tierna y aunque a veces se metía en su mundo por periodos muy largos de tiempo, él: alegre, curioso y osado siempre tenía la esperanza y casi casi la seguridad de que hallaría la forma de entrar en ese mundo misterioso en el que ella se metía de vez en vez.
Ella también soñaba con dejarlo entrar, lo cierto es que por más que buscaba, no encontraba la forma de hacerlo.
Pasaron varios años, no se sabe si fueron muchos o pocos, lo cierto es que en el transcurso de esos años fueron muy, muy felices: ella aprendió a sonreir más,  a hablar con la gente e incluso a dejar que el loco se asomara una que otra vez en su mundo. Él descubrió lo que es un amor de verdad, aprendió a creer en su fuerza y capacidad de proteger.
Pero poco a poco, al tiempo que ambos crecían,  sucedió lo lógico (aunque tal vez ellos no lo vieran): la soñadora se perdió en sus ilusiones y se olvidó de su búsqueda de una forma para que el loco entrara en su mundo, estaba tan distraída que ni siquiera se dio cuenta cuando el loco empezó a alejarse, pues estaba resentido de las veces en que ella se había desaparecido en ese mundo de sueños, veces en las que él se sintió ofendido pues eran momentos importantes para él y ni siquiera conocía los sueños que hacían perder a su amada.
El loco se sentía cansado de intentarlo, de desvivirse por su soñadora y que (él creía)  ella no se diera cuenta de nada. Finalmente se fué y a pesar de que habló con la soñadora,  ella no se dio cuenta pues estaba tras su sueño de un amor perfecto, un amor para siempre. Pero poco a poco, esa nube se disipó y finalmente se dio cuenta de que el loco ya estaba lejos y se veía muy tranquilo, aún más que las últimas veces que estuvieron juntos, lo cual la hizo sentirse muy mal, pues no recordaba ni se daba cuenta de su trance.

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